Pablo Alabarces: “El Estado no sabe qué hacer con el problema de la violencia en el Fútbol”

La última semana hubo un evento de violencia, con hinchas armados, golpes a roche y monche de la policía a todos los hinchas y 51 detenidos. Suele pasar con una frecuencia domesticada por los tiempos mediáticos que la violencia en el fútbol se vuelve tema central. Y ahí surgen especialistas por todos los rincones. Para entender de qué se trata y por qué nunca se soluciona en LDZ charlamos con  Pablo Alejandro Alabarces, escritor, sociólogo argentino, licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y titular del seminario de Cultura Popular en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires. Viene investigando sobre Cultura del Aguante y violencia en el deporte desde hace décadas y su mirada relaciona al fenómeno con un entramado que incluye a una diversidad de actores que incluye a dirigentes, políticos y empresarios, como para ponerle condimento a la compresión.​

A la luz de los ocurrido en el partido de River y Godoy Cruz, y leyendo lo que publico por redes sociales, queríamos analizar con usted la respuesta institucional que dio la APREVIDE (Agencia de Prevención de la Violencia en el deporte) en Buenos Aires y como trataron los medios de comunicación esta cuestión.

La respuesta institucional viene siendo la misma de los últimos treinta y pico de años. Los estados nacionales y provinciales no saben qué hacer con el tema y los que dicen que saben, te muestran que no saben y entonces lo único que se les ocurre son medidas represivas. Lo que ocurrió el miércoles demuestra cómo estructuran las políticas represivas. Teóricamente persiguen a la barra; a cambio lo que hacen es pegarle a todo lo que se mueve. Hoy a la mañana, el periodista colega Alejandro Wall, decía cómo tomaríamos que, para evitar un delito, las fuerzas de seguridad le pegue a un montón de gente inocente. Pongámosle que, por ejemplo, saben que se va a cometer un robo, porque a todo esto, no había un ilícito cometido sino un supuesto ilícito en marcha, decían que iba a ocurrir un enfrentamiento entre facciones de las hinchadas. Entonces, para prevenirlo, lo que hacen es pegarle a algunos miles de personas. Esto, en ningún Estado que se jacte de liberal sería tolerable. Porque no se puede proponer un castigo sobre el inocente alegando que se está anticipando un castigo sobre el culpable. Esto es sencillamente intolerable. Lo que demuestra que no saben qué hacer con el tema. Lo que han hecho en este “periodo Macri” es un pomposo programa llamado “Tribuna Segura” que es un calco del programa chileno “Estadio Seguro”, porque tienen tan poca imaginación que hasta le copiaron el nombre, que consiste en sostener que ciertos individuos son delincuentes peligrosos y que son barrabravas y  violentos y entonces se los inscribe en una lista y se los deja fuera del estadio. Nadie verifica que esos sujetos hayan cometido algún tipo de delito porque, si lo hubieran cometido, deberían estar cumpliendo una condena.

-Judicializados

Exactamente. Algo que me gusta siempre decir es que yo podre ser muy izquierdista pero esta es una cuestión básica del derecho liberal moderno, desde hace dos siglos, en donde existe el principio de que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Entonces, si como única medida preventiva que se te ocurre es dejar afuera una serie de sujetos, teóricamente dispuestos a cometer delitos, estamos jodidos. No es así como se administra. Esto tiene un correlato bastante obvio que lo experimentan todos los hinchas de fútbol que es la prohibición de asistencia del público visitante porque está enmarcado en el mismo criterio en el cual si el público visitante asiste al estadio, solo se van a producir desmames. Eso demuestra que el Estado está renunciando a principio democrático básico según el cual dos personas que piensan distinto pueden convivir en el mismo espacio.

Bastante antidemocrático como principio digamos.

Ese es el punto. No estoy siendo con esto ni inocente ni poco pragmático. Sé que esto es un problema severo y hace 20 años que me dedico a trabajar e investigarlo. Si vos investigas y trabajas el tema y te encontras con que el problema de la violencia en los estadios es mucho más grave que, simplemente, un lista de sujetos llamados barrabravas. Deberían  desarrollar una política más entera y completa, etc. Pero, cuando vos le apuntas solamente a esos sujetos excepcionales, el problema se mantiene. No eliminas el problema, sino que vos sacas del estadio algunos sujetos que podrían ser parte del problema. Pero no lo solucionas.

-De hecho, ha habido hasta resoluciones bastante espasmódicas por parte de APREVIDE de prohibir simbología política.

Pablo: Exacto. Lo cual demuestra el carácter minuciosamente represivo que tiene esa política. En realidad, lo que todo el mundo ha comprobado, de que la gestión de la APREVIDE que… la APREVIDE para colmo es un órgano en el cual pusieron a este muchacho, este salame, llamado Juan Manuel Lugones, que venía de una militancia en las ONG relacionadas con la violencia en el fútbol y entonces había contado con el apoyo de estas organizaciones que rápidamente se separaron diciendo: “lo que este tipo hace, no lo podemos hacer en nombre nuestro”. Porque el tipo se plegó a esta política minuciosamente represiva que, entre otras cosas, decidió que el responsable eran los hinchas, ciertos hinchas llamados barrabravas, pero descuidó un poder descomunal que nosotros hace rato habíamos identificado como otro de los factores claves del asunto, que es la policía. La policía formó parte de estas políticas más amplias de seguridad que tomó el Estado nacional, el Estado provincial y la ciudad de Buenos Aires, esta cosa basada en la doctrina Chocobar. Lo que esto no identifica es el hecho de que la policía es parte del mismo problema, no solo por cómo se relacionan con los hinchas comunes en los estadios (la relación está mediada por un palo, básicamente) sino por algo que es bastante elemental que lo sabe hasta un niño de primaria: la policía nunca perdió su control sobre la calle. Esto es lo que se conoce como zona liberada para cometer delitos, ilícitos, etc., es un pacto entre los que cometen estos delitos y la policía. La policía nunca cede su control sobre la calle.

Inclusive algunos negocios que se dan en la calle, como el cuidado de los autos en el momento del partido.

Exacto, ahí está el asunto. Se sostiene que la fuente de financiamiento de las barras son los trapitos y la venta ambulante. En realidad, eso no alcanza para explicar el poderío económico de, por ejemplo, el Rafa Di Zeo que estaciona su Audi 454 B5 en el garaje que está enfrente de mi casa en el barrio de Flores. No es que la levanta en pala con trapitos y venta ambulante. Pero además trapitos y venta ambulante van miti y miti con la policía. Entonces, si vos le concedes a uno de los actores el control sobre toda la situación, lo que estás silenciando es que estos actores son parte del problema, no la solución al problema.

Yéndonos al rubro mediático, y ya que mencionó la doctrina Chocobar que fue legitimadora de la represión y habilitó procesos represivos concretos, en este caso, los barras identificados como violentos, como lectura tiene bastante consenso. ¿Sobre qué trabaja esta posibilidad de legitimar estos significados que parecen tan a mano de la mayoría?

Estoy totalmente de acuerdo con vos. Tiene un enorme consenso en el mundo periodístico y el mundo político que sabe que hay otra cosa, le viene de perillas quizás para sacarse de encima cualquier culpa. Si el mundo periodístico dice que la culpa es de los barras, la política que pacta con la barra dice: “es cierto, la culpa la tienen las barras”. Ahora bien, ¿De dónde proviene eso? Sencillamente, si vos decís que un fenómeno peligroso, nefasto, dañino como es la violencia en los estadios la causan ciertos sujetos excepcionales, le echas la culpa a los sujetos excepcionales y vos quedas como un duque. Acá tenés dos problemas. Uno es el hecho de lo que venimos diciendo hace 20 años, que el problema está pasando por una estructuración general sobre la cultura futbolística, a la que hemos llamado la “lógica del aguante”, pero lo que decimos siempre es que la lógica del aguante no implica solo a los barras, implica a toda la cultura futbolística. Dentro de esta cultura futbolística también están los periodistas deportivos. Estos también arman su retórica, su lenguaje y sus prácticas en función de esa lógica.  Al echarle la culpa al otro, que sería el barra, lo que el periodista consigue es no tener que reflexionar sobre lo que hace, sobre lo que dice y, en consecuencia, cambiar lo que dice y lo que hace.

De hecho proliferan los programas de futbol, incluso con las nuevas modificaciones del sistema mediático, de los canales relativos al fútbol y también lo deportivo está casi exclusivamente vinculado al futbol, en el sistema mediático. Es todo un sistema, también, económico.

Si, por supuesto. Lo futbolístico, antes que nada, es una mercancía del espectáculo. Y después vienen las razones por la cuales es una mercancía exitosa. Tiene la pasión, la otra visión, la memoria, la identidad, etc. Esas son las razones que fundan una mercancía, que es exitosísima hoy en día. El espectáculo mundial, no solo el caso argentino, que siempre es un mercado medio precario. Esa explicación de los violentos es fantástica porque te demuestra una gran ignorancia. Porque en realidad los violentos no existen. Hay sujetos que utilizan comportamientos violentos para obtener el determinado tipo de beneficios simbólicos o monetarios. Pero no hay violentos genéticos. ¿Se entiende? Cuando vos usas el calificativo “los violentos”, lo que estás haciendo es decir: “son ellos señorita. Yo no tengo nada que ver. Es culpa de ellos. Échenlos a ellos y, de ser posible, mátenlos a ellos”.

Además se advierten como 2 mecanismos: por un lado la escencialización de estos sujetos, “los violentos”, y por otro, este pensamiento que parece ser exitoso, recordando la masacre del puente Pueyrredón, explicándose como una interna. Interna entre piqueteros, Interna entre barras. Como si funcionara para nosotros esa lectura siempre, de la interna entre 2 facciones.

Claro. Y se presenta como sentido común. Por un lado cuenta con consenso, lo presentas como sentido común, como algo indudable, “son los violentos”, lo enfatizas, y listo. ¿Cuál es la única solución posible que aparece? Eliminar a los violentos. Ahora, yo decía sobre el financiamiento clandestino de las barras, que existen y que en algunas circunstancias sus ingresos son realmente suntuosos, que no se basan en cobrarte el estacionamiento y la venta ambulante de productos menores, se basan  en cosas mucho más duras, reventa de entradas por un lado, que, por supuesto, es habitual y por otro lado, lo que reciben como pago por su silencio. Lo que está detrás de esto es la circulación de dinero clandestino en el fútbol. Dinero que proviene de las transacciones de los dirigentes en torno de las fichas, los pases, la intermediación de jugadores. Ese exceso económico que genera la oscuridad del mercado clandestino en el futbol, es algo en lo que los barras disputan, digamos. Los barras te dicen “Compren nuestro silencio. Queremos una parte de esa ganancia clandestina.” Ganancia que, básicamente alimentan los dirigentes deportivos. En esto, Boca Juniors, con Macri a la cabeza, y su secretario de seguridad Gustavo Arribas, como gran operador, lo benefician. Entonces, ellos no lo inventaron, sino que pulieron este sistema de intermediaciones, cotizaciones falaces, ventas a través de equipos de Uruguay y de Chile, y entonces la barra va a esa persona y dice “queremos una parte de eso”, “Cómo no muchachos?, Aquí está”.

Aparte, se trata de un proceso de mucha más larga data, donde claramente en los últimos 20 años se han transformado lo que alguna vez fueron clubes sociales en verdaderas sociedades anónimas, donde absolutamente todo termina siendo una mercancía, un bien transable.

Claro. A eso apunta el proyecto macrista. Un proyecto de ley de Sociedades Anónimas. Lo que pasa es que no llegó a prosperar porque ahí si apareció un consenso de resistencia. Es decir, los socios de los clubes, los futboleros no quieren las sociedades anónimas. Se aferran a esa vieja tradición del club social, la organización sin fines de lucro. Es un fenómeno interesante. Ahí los bienes no transables, la tradición, la memoria, el recuerdo, la identidad, el territorio, etc., todo eso se volvió en contra.

Fue apropiado con otra lógica, digamos.

Claro, los hinchas se apropiaron en defensa de eso. Dijeron “no, con la pasión no se juega”. Esto es mentira, con la pasión se juega, se vende, se compra, etc. Pero hubo un límite, y el límite era la propiedad de los clubes.

Una cosa que me gustó de tus posteos era esta cuestión de la grabiología (por el periodista especializado en barra bravas Gustavo Grabia) de la violencia en el fútbol, esta suerte de periodistas que se adueñan del relato del fenómeno de la violencia y que lo transforman en una mercancía que les permite publicar decenas de libros y sobretodo construir una narrativa muy compatible con Netflix, del mismo modo que contamos Narcos, contamos a los Barrabravas y el esquema lo tenemos ya absolutamente moldeado ya para que la gente lo entienda de ese modo. Algo así se ve en los medios.

Si. Qué bueno que citaste a Netflix, porque ahí tenemos la miseria de TV dando vueltas. Una miniserie que ratifica ese relato. En un mundo de absoluta devastación, violencia y drogadicción, aparece un sujeto excepcional angelical, que es Carlos Tevez, que sobrevive a eso y que, por su esfuerzo y dedicación, se transforma en jugador exitoso. Es la contracara, digamos. Un individuo excepcional futbolístico, que escapa de las influencias de estos individuos excepcionales llenos de maldad. Eso además se cuela con otra cosa que circula en el aire y que nadie se atreve a decir del todo, salvo algunos salvajes. El problema en el fútbol ¿sabes quienes te lo dicen? los seguidores del Rugby. Dicen “El público del fútbol es distinto. En última instancia, son todos negros”. Ahí aparece la vieja asociación entre clases sociales y delitos. Que no está comprobada. En realidad, la investigación sobre el delito, y muy especialmente en el fútbol, no ha podido demostrar que haya una asociación más clara entre delito y las clases populares.

Volvemos al éxito de esa instalación que tiene mucho consenso y que en definitiva, la doctrina Chocobar, está esa instalación.

Fíjate, que inclusive la consecuencia lógica de eso es “saquemos a los negros de la cancha, subamos el precio de las entradas, transformémoslo en una mercancía exclusiva para exclusivos, y se acabaron todos los problemas”. Y de paso te agregan “así hicieron los ingleses”.

Y de Ahí termina de legitimarse la estrategia.         

Publicado en Lejos de Zaimán, Podcast.