Diego Puig: “En Le Pasaje queremos que el arte se viva como una experiencia”

Diego Puig, escritor, referente de Le Pasaje, que hoy presenta la Muestra Plataforma de Elevación Artística Transgeneracional Ahre que se inauguró el viernes 2 de agosto pasó por LDZ y compartió reflexiones sobre la intensidad del movimiento de artistas tucumanos y los temas que en estos días ganan relevancia en las diversas plataformas de expresión.

– ¿De qué se trata esta experiencia, que ya de por sí tiene un nombre bastante provocador?

Estamos muy contentos, hoy estamos abriendo una muestra en el espacio cultural Le Pasaje. Es una de las tres muestras que el Pasaje tiene previsto para este año y el título de la muestra es “Plataforma de elevación artística transgeneracional Ah re”. Y tiene que ver con presentar a Tucumán, artistas jóvenes, todos nacidos en la década del 90, o sea tienen entre 22 y 27 años, algunos han presentado alguna que otra vez y otros están presentando por primera vez su obra.

Quisimos hacer es una muestra colectiva este año, para inaugurar este tramo de Le Pasaje. Convocando a los tucumanos para que vengan a conocer lo que se está empezando a armar en la escena artística, plástica de Tucumán.  Es una muestra colectiva, son 5 artistas, Florencia Ruiz, Diego Gelatti, Julieta Lagoria, Luis María Lontoya e Inti Soria, que van a estar exhibiendo su obra ahora en el pasaje dentro de un par de horas.

Y además vamos a estar celebrando como a medias el octavo aniversario del espacio. En realidad el aniversario es el fin de semana que viene pero por una cuestión de tiempos, el advenimiento de las PASO, adelantamos el festejo y aprovechamos para lanzar la muestra

– ¿De qué se trata la propuesta del pasaje como forma de intervención en el arte y en la cultura? Y en esta mirada también de la cultura como algo que se gestiona.

Quizás como el nombre lo indica, la ubicación de la sala, del espacio, es fundamental a su identidad. Le pasaje está en el Pje. 1ro de noviembre altura 1312, eso es Chile al 1300, o sea a unas pocas cuadras de Plazoleta Mitre. Y ese lugar, que está podemos decir en el corazón del Barrio Villa Urquiza, le otorga identidad al proyecto. Es un espacio que busca acercar al arte en todas sus formas, sus manifestaciones, con una fuerte impronta del norte de la Argentina. Tratando de acercar y llevar a distintos lugares de la ciudad el arte que puede interpelar y que puede también generar nuevos diálogos, nuevos debates, ideas, opiniones y encuentros.

– Antes hacías alusión a la idea de la muestra en la que están comprometidos como un espacio, que de alguna manera, quiere dar cuenta de esto que está pasando en la escena artística tucumana, ¿cómo describirías qué está pasando a nivel artístico en Tucumán? Si se puede resumir en pocas palabras

Lo primero que yo diría es que a veces en algunos sectores se subestima el caudal artístico de Tucumán. Es una región universitaria, podemos decir una ciudad universitaria San Miguel de Tucumán, y eso le aporta una gran diversidad de pensamientos, intereses y anhelos. Y eso se traduce muchas veces en expresiones artísticas. Nosotros tenemos una tradición muy fuerte en teatro, música, danza. La escritura, por ejemplo, también con algunos baches quizás en algunos momentos, propios de ciertas coyunturas, también es otra rama del arte que está como en ebullición y creciendo. Y en términos plásticos, de pintura, escultura, performances, instalaciones, en gran medida gracias a la Facultad de Artes, todo el tiempo hay una renovación de personajes artísticos.

Y en cuanto a lo que se pueda llegar a ver hoy, estos chicos -que fueron seleccionados de un grupo de más de treinta y cinco portfolios que se presentaron para la selección- están lidiando a través de su arte, con todos los temas que a los jóvenes hoy les interesan, les apasionan, y les preocupan. Desde la cuestión identitaria, cómo se construyen las identidades, sobre todo en relación a las redes sociales, que es la temática de uno de los artistas. También las identidades que se van reformulando a partir de los debates feministas o digamos antipatriarcales, Inti Soria por ejemplo trabaja en esa línea.

Hay otros que están trabajando por ejemplo, toda la cuestión de la Tierra, la naturaleza, a dónde estamos yendo como sociedad en cuanto a la destrucción o digamos las posibilidades de que, como especie sigamos evolucionando sin las limitaciones que la degradación medioambiental pueden llegar a traer. Y ahí aparecen cuestiones de optimismo y pesimismo, de angustia y de preocupación y también de esperanza. Es todo un trabajo con respecto a la descomposición, ese sería como el eje por ejemplo de Luis María Lontoya, y de Julieta Lagoria.

Y después también respuestas más, podríamos decir, como místicas o mágicas, esperanzadoras, como ¿dónde encontramos la energía para luchar, para seguir creciendo, para avanzar? Y ese podríamos decir que es un poco el eje de Florencia Ruiz.

– Todos esos temas los escuchaba y como que los sitúo mucho en preguntas muy de época, y también preguntas muy globales ¿vos encontrás elementos de particularidad tucumana en la forma de abordar estas preguntas, estas indagaciones, estas maneras de expresión artística?

Bueno, sí y no. Vivimos en tiempo muy globales, también un poco por internet, por las redes y por una serie de cuestiones culturales que hacen que una de las marcas de época tenga que ver con esto de ser un poco más cosmopolitas, globales, ser cercanos a otros lugares, a otros puntos. Y después también, porque los chicos tienen una formación universitaria en arte, también están digamos permeados por cierta tradición. Entonces en ese sentido, uno podría decir, bueno son elementos que  atemperan cierta particularidad tucumana.

Pero al mismo tiempo por supuesto que hay una identidad tucumana, que se refleja mucho en el contacto con la tierra, en el uso de los materiales. Y en cierta mirada optimista en cuanto al otro, en cuanto a la posibilidad del encuentro con el otro. Mientras que, por ejemplo, en algunos lugares el otro puede parecer amenazante, intimidante, inquietante; en Tucumán todavía se conserva y sobre todo en los jóvenes una cultura de la amistad, de la solidaridad, del afecto que a veces yo creo que también se lee muy bien en las obras de estos artistas.

– Teniendo en cuenta lo que es la construcción del espacio y la relación con el territorio, con el Barrio, ¿cómo se da ese encuentro con la gente que vive en el entorno?

Digamos que una de las misiones del espacio es justamente llegar a acercarse y acercar a los vecinos al espacio. Eso es central en la identidad de la sala. Y Villa Urquiza es un barrio con mucha identidad también,  no es lo mismo que Barrio Sur o Barrio Norte, en ese sentido, tiene una personalidad. El espacio ofrece talleres, invita a sus vecinos. Los vecinos han participado en otras muestras ofreciendo sus casas, o una pared, o espacios para intervenciones. Entonces sí, hay un diálogo constante con los vecinos.

Esta muestra en particular tiene una impronta diferente, pero dependiendo de las muestras, el espacio es como que a veces extiende sus tentáculos más lejos para tocar hacia afuera, y otras para atraer.

Y en un aspecto muy interesantes para mí de las conversaciones con el equipo, surgía también esto de la necesidad a veces  -y no solo para los vecinos de Villa Urquiza, sino cualquier persona que se acerca a Le pasaje- la necesidad de guiarlos o ayudarlos, darles herramientas, tips o lineamientos para que puedan disfrutar de la muestra. No mucha gente ha ido a la apertura de una muestra, muchas palabras del circuito artístico de las galerías no son fácilmente reconocibles y muchas veces tienen preguntas como por ejemplo ¿qué me pongo, cómo me visto o cómo me acerco a una obra a una pieza? Y también en Le Pasaje nos interesa eso, hacer accesible la experiencia, que sea una experiencia con cierta contención, porque a veces a uno le pasa que no está acostumbrado a ir a muestras o no sabe si ir. Le resulta lejano a la práctica.

Tendemos a simplificar lo que implica el proceso de democratización del arte, que es mucho más que simplemente pensar en clave de acceso al arte, sino en generar las condiciones, las posibilidades si se quiere corporales, de que muchos sectores para los que históricamente les fue negado el arte, puedan hacerlo de una manera cómoda y contenida.

También creo que se trata de una cuestión de actitud de la organización, donde nosotros tratamos de hacer todo con mucha alegría, con mucha dedicación y con cuidado para que la experiencia pueda ser asimilada. Para que no quede solo en ir, dar una vueltita, mirar y decir “ah, mira qué lindo e interesante o no me gusta” y que la gente se vaya. Sino que haya también elementos para pensar sobre las obras, lo que dicen, lo que quieren decir, cuáles son sus posibilidades. Por eso vamos a tener también una estación con entrevistas audiovisuales de los artistas, vamos a tener algunos textitos, va a haber performances, un poco para contextualizar la muestra y para dialogar con las piezas. Y que la experiencia sea un poquito más completa, más rica y no tan lejana.

– Sí, muchas veces lo que suele pasar es eso, la experiencia en sí no llega a atravesar a las personas que no tienen el cuerpo, digamos habituado al tránsito por ese tipo de lugares.

Claro, por supuesto que hay un elemento estético, esto que decíamos recién, de que yo veo  una obra y por ahí me conmueve, me gusta mucho, no me gusta tanto. Pero no es la única forma de interactuar con una obra, una obra puede generar discusión, debates, incomodidad, adrede, para que a partir de esa reacción uno empiece a pensar. El arte puede ser más emocional, más intelectual o más estético, es decir tiene diferentes avenidas para apreciarse.

– El hecho de que uno sienta la necesidad de una mediación, ¿la hace menos popular a la muestra o a la obra o te parece que es parte necesaria la guía?

Es necesaria la guía en tanto contexto. A veces nosotros creemos que podemos prescindir del contexto, y eso para mí, es casi un error, diría. Porque es muy difícil tener una experiencia sin contexto, y lo que nosotros nos proponemos desde la parte curatorial es justamente contextualizar. El contexto puede servir como contención, como guía, como ayuda, como un lugar de donde agarrarte, donde hacer pie, eso nada más. No significa decirle al otro lo que tiene que pensar o cómo lo tiene que entender. Es darle el contexto y alguna que otra herramienta para que la experiencia pueda ser más potente o más completa.

– Pero ahí sí aparece una cuestión que me parece interesante, que tal vez no era algo que se pensaba hace un par de décadas atrás, acerca de que hay una necesidad de gestionar la cultura, de gestionar procesos de culturas que puedan de alguna manera, abrir puertas, posibilidades. Darle lugar a lo existente teniendo una consciencia un poco más real de qué es eso existente, cuando nos referimos a artistas. Y poder tratar de, como gestor cultural, llevarlo a la mayor cantidad de personas.

Claro, y por supuesto que hay diferentes líneas de pensamiento en cuanto a la gestión cultural, en cuanto al compartir o mostrar arte. Y también por supuesto eso está atravesado de ciertas cuestiones podríamos decir socioeconómicas, de clase. Yo creo que tiene que ver con ciertas características de Tucumán, esto que yo mencionaba antes de que Tucumán todavía conserva rasgos de comunidad. Y en ese sentido, yo creo que todos los que integramos Le Pasaje estamos comprometidos con la idea de que no sea solo una experiencia para nosotros, para los artistas, sus familiares y sus amigos, sino que se extienda lo más ampliamente posible.

– ¿Tuvieron experiencias o tienen actualmente experiencias en relación con alguna política pública, relacionada con lo cultural?

Bueno, yo me sumé al equipo de Le Pasaje este año recién. O sea los siete años previos ha habido distintos equipos y grupos, entonces yo la verdad que no podría hablar mucho sobre eso.

Pero en este momento, dada la situación y el contexto, yo describiría a Le Pasaje como una expresión cultural autogestionada y justamente me das el pie un poquito para invitar a la gente a participar. Tenemos como un programa de mecenazgo para la gente que quiere colaborar con el espacio. Nosotros somos un grupo de ocho chicos en la comisión, nada más, somos ocho personas que hacemos desde el trabajo de selección, la comunicación, la curaduría, el montaje, la organización. Y bueno, autogestionado, con mucho esfuerzo, con muchas ganas, nos encanta lo que hacemos, lo disfrutamos un montón. Y aprovecho ahora para mencionar a los chicos, porque la verdad que es un equipo maravilloso y merecen su reconocimiento. A la cabeza de Le pasaje está Juan Grande, Director de la Diplomatura de Gestión Cultural de la Universidad San Pablo T, el Director de Sala es Miguel Ángel Vallejo, y después en el equipo está Antonella Garlatti, Belén Funes, Marcos Nieva, Mariano Molina Gali, Daniel Ruiz y yo.

– ¿Y tienen casi todas las áreas más o menos cubiertas en torno a las necesidades de un experimento de estas características?

Es gracioso porque nosotros les llamamos comisiones, pero las “comisiones” son de a dos, de a uno. También este año el equipo se expandió, porque tengo entendido que el año pasado el equipo era más chiquito y eso trajo otras dificultades, entonces también nos encanta que la gente se acerque, que nos ayude. A veces simplemente compartiendo, o viralizando la comunicación.  

Publicado en Lejos de Zaimán, Podcast.